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8 Enero 2006

Sansón, Gilgamesh y Shamash y Nimrod

El bíblico Sansón es una personalidad que aglutina las leyendas de Gilgamesh y el dios solar Shamash. La forma hebrea de Sansón es Shimshon, siendo –on un sufijo enfático muy usual en los nombres propios. Esta forma es idéntica a la del dios solar acadio Shamash.
Tanto Gilgamesh (que reinó más de 1000 años antes que Sansón, y es por lo tanto el “original”), como éste, eran héroes, mataron a un león, y ambos tuvieron un “lío” con una fémina, Ishtar en el caso de Gilgamesh y Dalila en el de Sansón. Ambas intentaron acabar con él, por despecho. Igualmente sucede con Hércules o Heracles, que también buscaba la inmortalidad como Gilgamesh, siendo esta circunstancia el eje central de su leyenda. Todos murieron, pero tenían parte de divino de alguna u otra forma. Hércules era hijo de Zeus y de una mortal, Gilgamesh de una diosa y un hombre mortal, y Sansón era un hombre “especial” elegido por el dios hebreo, con una fuerza sobrehumana como Hércules.
Estos personajes y/o dioses, asociados ideológicamente por los cronistas bíblicos, quizá puedan corresponderse con Nimrod. El zigurat que se corresponde con el del relato de la Torre de Babel sería el de Nippur, construido para Enlil hacia el 2700 aC, una fecha razonable puesto que el relato bíblico habla de una serie de inundaciones mitificadas como diluvio que ocurrieron en torno al 2900 aC. Shinar, y Babel, serían las tierras de Súmer y Babilonia, y la ciudad y la torre serían el templo de Enlil en Nippur.
Merece la pena recalcar que Gilgamesh era llamado también Izdubar, nombre de una divinidad, también Gishdubar. Sería conveniente pensar en si la ingente cantidad de deidades posteriores a los tiempos sumerios más primitivos no eran sino personificaciones de los reyes, que en sí mismos eran también “hijos” de éstos.
* Poema de Gilgamesh, importante obra literaria sumeria, escrita en caracteres cuneiformes sobre doce tablillas o cantos de arcilla alrededor del año 2000 a.C. Este poema heroico recibe el nombre de su héroe, Gilgamesh, un despótico rey de Babilonia que gobernó en la ciudad de Uruk, conocida en la Biblia como Erech (actual Warka, en Irak). Según la leyenda, los dioses escuchan las oraciones de los oprimidos ciudadanos de Uruk y envían a un hombre salvaje y brutal, Enkidu, que reta a Gilgamesh a una lucha sin tregua. Concluida la batalla, sin que ninguno de los contendientes resulte claramente victorioso, Gilgamesh y Enkidu se hacen grandes amigos. Emprenden viaje juntos y comparten numerosas aventuras. Los relatos sobre su heroísmo y valentía al enfrentarse con bestias peligrosas se difundieron por muchos países.
Cuando los dos viajeros regresan a Uruk, Astarté, diosa protectora de la ciudad, proclama su amor por Gilgamesh. Éste la rechaza y la diosa envía al Toro del Cielo para destruir la ciudad. Gilgamesh y Enkidu dan muerte al toro y, como castigo por participar en esta hazaña, los dioses condenan a muerte a Enkidu. Tras su muerte, Gilgamesh recurre al sabio Utnapishtim para descubrir el secreto de la inmortalidad. El sabio le cuenta la historia de una gran inundación (cuyos detalles son tan similares a los posteriores relatos bíblicos sobre el diluvio que han despertado el interés de los especialistas). Tras muchas vacilaciones, Utnapishtim revela a Gilgamesh que la planta que confiere la eterna juventud se encuentra en las profundidades del mar. Gilgamesh se sumerge en las aguas y encuentra la planta, pero una serpiente se la roba en el camino de regreso y el héroe, desconsolado, regresa a Uruk para terminar sus días.
Esta saga fue ampliamente estudiada y traducida en la antigüedad. Algunos redactores bíblicos parecen haber inspirado su relato sobre la amistad entre David y Jonatán en la de Gilgamesh y Enkidu. Muchos escritores griegos introdujeron también elementos encontrados en esta epopeya en sus relatos épicos de luchas con dragones y en las historias que aluden a la estrecha amistad de Aquiles y Patroclo.
El texto no separa los versos, pero por el ritmo se calcula que pueden ser unos 3.500. Un tercio del material que se conserva se ha reconstruido a partir de fragmentos de traducciones o versiones posteriores (c. 1500 a.C.) neoasirias, babilónicas e hititas.

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